lok’ tavanej

enero 8, 2008

Cotidiano XII

Filed under: historias y otras cosas — Gurisa @ 12:23 am

Aún huele a tierra mojada, sobre todo al lado izquierdo.

He recorrido las mismas calles en busca de un olor nuevo, pero no ha sido un encuentro exitoso. Deposito mis cosas en la silla y abro mi morral, saco el espejo de mano y me noto muy cansada, no ha sido el recorrido, sino todo lo que ya no ví a tu lado. He pasado a los lugares conocidos y las miradas me han recibido frías y desconcertadas, no me entienden sin tí. Asimilo los colores de las cosas en tu ausencia y rescato los gestos que me regala la gente, no son nuevos, es sólo que cuando tú estabas, los esquivaba.

El silencio está lejano. Las habitaciones contiguas tienen a sus visitantes habituales; quisiera estar en otro lado. La noche cayó de pronto y ya no encontré regreso, me perdí en lo conocido y, como automata, llegué a este viejo sitio… a nuestro viejo sitio.

¿Con quién más lo habrás compartido? ¿quién te acompaña ahora? Yo sólo vine con un libro en la mano, mis anteojos, café que de camino compré, mi viejo suéter (el único que decías conocer) y el teléfono apagado que descansa sobre el buró.

No ha sido fácil entrar, pero recordé tu mano apretando la mía y creo que eso ayudó mucho; aunque al cerrar la puerta detrás de mí, ni siquiera mi sombra se dibujaba.

Ha pasado mucho tiempo y este nombre de playa me resulta irreal, como los cuadros del primer encuentro, aunque sin llanto, sólo un poco de sonrisas recortadas y tus gestos escondidos tras el pequeño ser que conservabas. Te acaricio con mi mano fría y parece que vuelvo a escuchar el murmullo de tu amor, pero se calla en un tiempo que parece breve, el tiempo del olvido, y recibo el toquido de la puerta como una alerta.

Asearán por la mañana, tendré que salir antes del medio día y la verdad no pensaba pasar más que esta noche.

Dormí en un rincón, tratando de no estirar las piernas. Que sería de ellas si no se aferran a la pequeña imagen de tu antebrazo. Latosos sueños que de visita escogieron esta noche. Te ves lejano, en el mar de la bruma que pusiste en medio de ambos, sin recuerdos de mí, sin imagénes de nosotros, sólo tu rostro duro y mi intento por salvarte.

Huele a la tierra mojada que visitamos una tarde recién conocidos. Es el sueño austero que aún guardo de los tiempos irreales, cuando cantábamos abrazados, pierna con pierna y tu brazo sobre mis hombros. Es el olor de un anhelo que conservo en la orilla del pañuelo que olvidaste a tu paso. Comprendo que tu viaje no ha terminado. En esta estación que abandonaste, espero el siguiente cometa; traigo el mismo libro bajo el brazo, pero tarareo una canción nueva.

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1 comentario »

  1. Hola, mi amiga. Me gusta mucho tu forma de narrar. Consigues meter a quien lee en un ambiente, en este caso entre onírico y nostálgico. Me alegro que te gustara mi espacio. Espero tu visita por allí. Un beso,
    V.

    Comentario por ElPoeta — enero 11, 2008 @ 8:39 am


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