lok’ tavanej

diciembre 7, 2007

Cotidiano XI

Filed under: historias y otras cosas — Gurisa @ 9:16 pm

08.12.03.

Yo platicándote de corazones a lado derecho… tú sólo mirándome, como sólo vos lo sabes hacer, con los ojos que me quiero comer, que hoy se van pero que han prometido volver pronto… y escribir.

Tomándote la mano, sin sentir que tus labios se acercan, pero lo haces y eres más hábil que yo y lo sabes. Eso me gusta, también sentir un remolino en el estómago cuando me dices que qué linda que estoy hoy.

Llegamos tarde, pero ha valido la pena porque hemos atravesado todo C. U. tomados de la mano… y me has besado en el piso 11. El elevador sube lento y te has equivocado de piso, yo que nunca había ido te he dicho que qué más da, total, el siguiente lo subimos caminando y ya. Has dicho que sí, que juntos da igual.

Te has despedido en el subterráneo, me das un abrazo para que piense alguna vez en tí. Te has ido hasta que me has visto entrar en el tren y me has mandado besos. He flotado -o algo así- y la gente me mira extraño, es porque yo estoy muy feliz y sí que me veo linda.

***

No escribiste pronto. Más bien no escribiste nunca, sólo alguna vez contestaste un correo que yo te envíe y la verdad es que apenas fueron unas líneas escuetas. Y me extrañabas, sí. Lo decías, pero no lo pareció, sobre todo cuando empezaron a pasar los meses y tu ausencia se hizo una carga y una eterna espera.

Tampoco fue fácil lidiar con las palabras que aún tenía para tí, sobre todo cuando veía tortugas volar y canciones desesperadas salir por doquier, tratando de aliviar la angustía liviana de no saber en dónde estabas y si estabas bien.

En nada ayudaba lo que dejaste aquí y la verdad es que la dureza de los rostros cuando se pronunciaba tu nombre, me parecía una agresión contra la que no podía levantar ni una mano… no sabía por qué y el miedo no era preguntar, sino la respuesta a lo que preguntara. El tiempo pasó muy lento hasta tu primer regreso… y ahí comenzó todo. A veces me líaba con la sentencia de tu no regreso, pero volviste.

***

Verte de nuevo fue catártico, claro. Habían pasado tantas cosas en esos meses de ausencia. Represión, cárcel -breve, pero al fin encierro-, peleas, lucha interior y con los que quiero… yo había cambiado tanto. Lo único intacto que tenía, aparte de tu recuerdo, eran las esperanzas de verte, de que aparecieras donde te habías esfumado y poderte abrazar y que finalmente estuviéramos juntos, como habíamos planeado. Todo salió como menos lo esperaba. De aquello, sólo quedaba el anhelo que tenía de nuestro “amor”, la inútil espera y el deseo de no dejarte ir. No eras quién yo había alimentado en un rincón de mi cabeza, impulsado por el remolino de mariposas que aparecía siempre que recordaba el tiempo juntos. Nada valía ahora, ni lo que quería, ni lo pronunciado antes de tu partida, ni el futuro imaginado a tu lado, ya nada era como lo recordaba -o como lo quería recordar-. Eras sólo el fantasma de ese sentimiento, pero un fantasma aferrado, que con los varios exorcismos que me hice, no se apartó. Siempre apareció en los infinitos momentos de insertidumbre, cuando la soledad sentada a mi lado me cuestionaba y no tenía más que silencio para darle… claro, aquel silencio que es la más elocuente forma de mentir.

***

Cuánto tiempo pasaría. No del tiempo aminutado, sino el tiempo del alma, el que es interminable. No lo sé, pero parece que sí fue mucho.

***

De aquel tiempo, me recuerdo sentada en el mirador, cerca de la rampa. Buscando tu rostro en los miles que pasaban. Era decepcionante llegar al final del día y cargar tu ausencia de vuelta a casa. No sé cómo hacía para llevar las pesadas horas, sobre todo los viernes esperando que llegaras y te integraras a la discusión. Volver a oír tu voz, casi hubiera matado por eso, cobarde al fin. No lo hice.

Aún me pregunto qué pasaba por tu cabeza, cómo es que eras tan egoísta y me daba tanto miedo reconocer que ya había terminado y yo esperaba lo imposible de tí: regresar y decir que ya no más. Nunca lo hiciste, tuve que hacerlo yo, cuando ni siquiera realmente sabía, que de verdad ya no más. Por el contrario, esperaba que me detuvieras, que pidieras que no me fuera… esperar fue lo único que siempre hice. Esperar de tí lo que nunca me habías querido dar, porque tenías una incapacidad enorme de ver que te había pedido sólo que fueras consecuente.

***

Lo que vino después no sé cómo lo viviste. Ya ni siquiera estabas cerca, te habías ido de nuevo, sólo que definitivamente y yo ni me quería enterar. Yo lo pasé muy mal. Lidiando con la idea de reconstruirme o dejarme ir contigo. Me rescató el tiempo y nadie.

Verte era ya lo único que no quería, pero saberte lejos, sólo y turbulento, me hacía palidecer. Huir contigo no lo había pensado, sobre todo, porque el pensamiento que tenía más a la mano, era que a tí nunca se te hubiera ocurrido. Ahora, ni siquiera sé si de verdad lo hubiera hecho o cuánto habría aguantado, a tu lado sin estarlo.

Estoy segura que no hubo nada ni nadie que te rescatara. Lo cual ocurre porque no quieres ser rescatado. Vives del lado de las víctimas y te conviertes en victimario cuando en tu camino se ataraviesan las yo, las que somos una tabla de salvación, pero nos agotamos más rápido de lo que tardas en sanar tu dolor y en esa turbación te vas perdiendo… nadie no te abandonó, tú lo traicionaste y nadie decidió que era mejor dejarte ir.

***

A veces me descubro pensando en ti, con amor, con preocupación. Me asusta más que sorprenderme. Sólo tú cantarías estas líneas y creo que también recordarías un poco. Sí te perdoné, aunque no te lo dije, era mi forma de castigarte. En realidad creo que nunca estuve tan enojada contigo, como lo estuve conmigo.

Ya sólo me gusta recordar nuestro tiempo juntos en el volado del edificio. Cuando te hablaba de corazones al lado derecho y tú me decías que las tortugas sí vuelan. Ya sólo pienso en que cuándo te vuelva a ver -si ocurre-, te diré que ése ha sido uno de mis mejores tiempos, aún en ausencia de tí.

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3 comentarios »

  1. precioso texto

    Comentario por teenboop — diciembre 27, 2007 @ 4:49 am

  2. cada día me sorprendes más, me supongo que son sentimientos encontrados, lo entiendo el tiempo no siempre lo cura a veces lo aferra para bien o para mal, me da gusto que saques todo y lo que te hace falta por decir

    Comentario por selene — enero 2, 2008 @ 5:59 am

  3. Lo unico para decir es que divino que escribis!
    Y bueno… identificada… se ve que todos tenemos de esos amores que son como pajaros, pajaros que inevitablemente vuelan…

    Comentario por Zoe — enero 22, 2008 @ 4:08 pm


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