Ahora que estoy ordenando un poco mi casa y, como holísticamente se dice, desechando las malas vibras, me topé con tu foto. No la había perdido, creo que entre ese mar de libros, revistas, cuadernos y otras tantas fotos, había naufragado y yo la perdí de vista… la verdad es que no muy me acordaba de ella y la otra verdad es que me sacó no un par de lágrimas, sino toda una lluvia de melancolía que ya me venía guardando desde hace un rato.
Si leyeras esto, sabrías a qué imagen me refiero, tienes una copia, que igual extraviaste entre el mar de indecisiones que eres tú y en ese hondo estuche de guitarra que guarda lo inimaginable, lo que nunca conocí… a un lado libros, otras fotografías o cuadernos, nada de eso.
Apenas nos estabamos conociéndo, de hecho era la segunda vez que salíamos. No era una cita, ni nada de eso, era trabajo… bueno, casi. Tú tenías una presentación y yo tenía que sacar fotos de ese evento. Creo que un par de rollos se me fueron en tí, en tu guitarra, en tu música. Cuando te dí las fotos te gustaron tanto, que nunca podré olvidar nada de lo que dijiste, ni tu sonrisa, ni tu mirada… en realidad no he olvidado nada de lo que juntos éramos. Sólo que esos días del principio fueron muy especiales, de nuestro principo, claro.
No creía que hubiera pasado tanto tiempo, en realidad no es tanto, cierto? Lo que realmente ocurre es que pasaron muchas cosas y nunca he sabido como diferenciarlas: una vez, cuando al principio -de nuevo-, en uno de tus correos usabas los puntos suspensivos frecuentemente; una amiga me dijo que a ella le parecía, desde siempre, que las personas que recurren a los puntos suspensivos, siempre tienen mucho que decir y a veces todo se lo esconden. Entre nosotros todo fue así, todo fueron puntos suspensivos, hasta que llegó el punto final. No sé porqué siempre fuiste tan difícil de penetrar. Cuando callabas me gustaba, porque te veía pensar y de repente soltabas enunciados que eran siempre afirmaciones y eso me hacía sentir segura… creía que después de meditar tanto, no tenías por qué dudar de lo que decías; nunca me dí tiempo para meditar yo misma y darme cuenta qua la que nunca dudó fui yo. Después ya sólo callabas, la idea de Neruda “me gustas cuando callas”, me fue abandonando…. solías, para entonces, decir las cosas más extrañas, creo que eran verdades, como: tiempo, no estoy seguro, tal vez, es que no lo sé, mañana…
Los términos cambiaron. Ya no era como cuándo la fotografía… en términos románticos, poéticos, metafóricos, literarios: me dejé de reflejar en tus ojos y lo ví a través del lente.
Hubo tardes en que quise preguntarte para quién cantabas ahora a pesar de estar conmigo… y pude pasar noches enteras tratándo de entender tu voz, que ya no encenderla.
Sin darme cuenta comencé a olvidar tus fotos, a guardarlas donde no pudiera topármelas, a esconderlas de mí para comenzar a escribir de nuevo la historia, mi historia desde donde me quedé antes de tí, mi protagonista favorito.
Ahora que limpio un poco mi casa, trato de ordenar pequeños pedazos que salen sin que pueda evitarlo, es el eterno rompecabezas de siempre, el de la reconstrucción para dar paso al olvido, como dijera Don Durito de la Lacandona -que me salva de muchas-:
“Antes del amor, se suelen quemar las naves que después, en el desamor, serán reconstruídas con rápidez.”
…espero que mientras lo hago “no aparezcas más sin avisar, (…) tengo con tu fantasma”…