¿Por qué uno nunca hace las preguntas adecuadas a tiempo?
¿Por qué ese enfermizo afán de someterse a las tardías pero taladrantes dudas?

¿Por qué uno nunca hace las preguntas adecuadas a tiempo?
¿Por qué ese enfermizo afán de someterse a las tardías pero taladrantes dudas?


Sábado en la calle Madero…
“Ésta que llaman fortuna es una mujer borracha y antojadiza y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba ni a quien ensalza.” Fortuna Don Quijote

no, la felicidad no tiene precio, definitivamente no…
pero suelo ser muy simple, me encantan las cosas simples, disfruto las cosas simples
y puedo ser feliz, un sábado a las 14:00 hrs, con $10… y aquí la prueba:


Llevo dos días sin dormir nada, primero porque el sujeto que hace las entrevistas me ha citado después de las 8 de la noche y, qué locura, he salido después de las 11, más el camino a casa… y la otra razón es que tengo gripe, ya no lo soporto, además estar frente al monitor casi 12 horas diarias no ayuda mucho…
y por si eso no fuera suficiente, hoy llegué una hora antes a mi actual trabajo porque no había tráfico por ningún lado -me pregunto a dónde fueron todas las manifestaciones?-… y no termina ahí…
hoy que es día de pago, olvidé mi tarjeta en casa y, literal, no traigo un peso… alguien tendrá que prestarme para comer el día de hoy…
ni siquiera puedo pensar en que surga algo más…

Mañana tengo una entrevista de trabajo… nada fácil, pero todos suponen que no tengo que estar nerviosa… pero sí lo estoy, la verdad es que bastante porque es una muy buena oportunidad… quisiera poder dormir y no me siento cansada, estoy más bien aturdida, pasé horas viajando en subterráneo…
además tener 25 no es fácil… menos cuando se tienen que tomar tantas decisiones… ash!

Futura, pero al fin eso.
Ya habían anunciado los recortes de personal en el lugar en el que trabajo… pero al final no lo esperas, supones que por alguna justificable razón, a tí no te toca.
Bueno, ya volveré a mis preocupaciones terrenales habituales; es decir, mi eterna angustia por, al menos, no perder mi último boleto del subterráneo.
Puede ser, muy seguramente, que vuelva a la escuela… debería hacerlo y ya titularme… y seguir estudiando, por favor!!!; ahora que lo difícil no es precisamente mi dispocisión, sino la de la familia a recibirme en el seno… y ser, de nuevo, una responsabilidad más… aunque sea temporal (ajá!, para como están las cosas).
Supongo que de aquí a noviembre, mientras llega la confirmación, iré buscando algo no muy pretencioso, dado la enorme concurrencia que asiste a la conformación del Ejercito de Reserva…


“Alguien me habló todos los días de mi vida al oído, despacio, lentamente. Me dijo: ¡Vive, vive, vive! Era la muerte.”
Jaime Sabines