Archivo de Enero 2008

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Cotidiano XIII

Enero 22, 2008

Ahora que estoy ordenando un poco mi casa y, como holísticamente se dice, desechando las malas vibras, me topé con tu foto. No la había perdido, creo que entre ese mar de libros, revistas, cuadernos y otras tantas fotos, había naufragado y yo la perdí de vista… la verdad es que no muy me acordaba de ella y la otra verdad es que me sacó no un par de lágrimas, sino toda una lluvia de melancolía que ya me venía guardando desde hace un rato.

Si leyeras esto, sabrías a qué imagen me refiero, tienes una copia, que igual extraviaste entre el mar de indecisiones que eres tú y en ese hondo estuche de guitarra que guarda lo inimaginable, lo que nunca conocí… a un lado libros, otras fotografías o cuadernos, nada de eso.

Apenas nos estabamos conociéndo, de hecho era la segunda vez que salíamos. No era una cita, ni nada de eso, era trabajo… bueno, casi. Tú tenías una presentación y yo tenía que sacar fotos de ese evento. Creo que un par de rollos se me fueron en tí, en tu guitarra, en tu música. Cuando te dí las fotos te gustaron tanto, que nunca podré olvidar nada de lo que dijiste, ni tu sonrisa, ni tu mirada… en realidad no he olvidado nada de lo que juntos éramos. Sólo que esos días del principio fueron muy especiales, de nuestro principo, claro.

No creía que hubiera pasado tanto tiempo, en realidad no es tanto, cierto? Lo que realmente ocurre es que pasaron muchas cosas y nunca he sabido como diferenciarlas: una vez, cuando al principio -de nuevo-, en uno de tus correos usabas los puntos suspensivos frecuentemente; una amiga me dijo que a ella le parecía, desde siempre, que las personas que recurren a los puntos suspensivos, siempre tienen mucho que decir y a veces todo se lo esconden. Entre nosotros todo fue así, todo fueron puntos suspensivos, hasta que llegó el punto final. No sé porqué siempre fuiste tan difícil de penetrar. Cuando callabas me gustaba, porque te veía pensar y de repente soltabas enunciados que eran siempre afirmaciones y eso me hacía sentir segura… creía que después de meditar tanto, no tenías por qué dudar de lo que decías; nunca me dí tiempo para meditar yo misma y darme cuenta qua la que nunca dudó fui yo. Después ya sólo callabas, la idea de Neruda “me gustas cuando callas”, me fue abandonando…. solías, para entonces, decir las cosas más extrañas, creo que eran verdades, como: tiempo, no estoy seguro, tal vez, es que no lo sé, mañana…

Los términos cambiaron. Ya no era como cuándo la fotografía… en términos románticos, poéticos, metafóricos, literarios: me dejé de reflejar en tus ojos y lo ví a través del lente.

Hubo tardes en que quise preguntarte para quién cantabas ahora a pesar de estar conmigo… y pude pasar noches enteras tratándo de entender tu voz, que ya no encenderla.

Sin darme cuenta comencé a olvidar tus fotos, a guardarlas donde no pudiera topármelas, a esconderlas de mí para comenzar a escribir de nuevo la historia, mi historia desde donde me quedé antes de tí, mi protagonista favorito.

Ahora que limpio un poco mi casa, trato de ordenar pequeños pedazos que salen sin que pueda evitarlo, es el eterno rompecabezas de siempre, el de la reconstrucción para dar paso al olvido, como dijera Don Durito de la Lacandona -que me salva de muchas-:

“Antes del amor, se suelen quemar las naves que después, en el desamor, serán reconstruídas con rápidez.”

…espero que mientras lo hago “no aparezcas más sin avisar, (…) tengo con tu fantasma”…

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Los hombres las prefieren Wendy

Enero 14, 2008

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Es verdad que Campanita era muy otra, por eso y sólo por eso, Mr. Peter Pan-alma de niño-inmaduro, no la quería más que como “amiga”, como eterna compañera de aventuras, pero no compañera a su costado izquierdo, de su mano y soñando con ella la vida.

Entonces apareció Wendy. Wendy era frágil, linda, de sonrisa fácil y, seguro, olía a ternura. Se recogía el pelo en un chongo y utilizaba listoncitos de colores que, claro, combinaban con su atuendo del día. Caminaba derechita y jamás se sentaba con las piernas abiertas y de su boca una maldición nunca, pero nunca se escuchaba; es decir, Wendy se guardaba esas cosas… a Mr. Peter Pan-alma de niño-inmaduro, esto le venía bien.

Ya que Campanita andaba por la vida volando cual pequeña hada que era, entendía muy bien su libertad. Necesitaba protección, claro, pero sólo la necesaria, la que no la oprimiera, estaba preparada para cualquier circunstancia adversa y no requería ser rescatada por Mr. Pan cada media hora. Campanita era algo así como la representación de la mujer independiente, madura, fuerte y segura; contrario a Wendy, la siempre bien vista doncella. Esto último no le acomodaba a Pan.

Mr. Pan queda prendado de Wendy, quien decide regresar a la realidad de su sueño “pequeñoburgués” y renunciar a la fantasía de Pan… Campanita, por otro lado, se queda con los celos y el ninguneo de su amor, puesto que no renunciara a ser quién es y convertirse en una Wendy; sí, Campanita se queda sola y al mismo tiempo acompañando a Mr. Peter Pan-alma de niño-inmaduro, como la buena amiga que es.

Las Wendy le vienen bien al mundo, son socialmente aceptadas y políticamente correctas, casi podría decir que tienen suerte, pues sienpre habrá quién quiera protegerlas, en cambio las Campanita, tienen la dificultad de ser diferentes… y pocos toleran eso.

pd: ma petite amie, ma belle femme… esto es para tí, porque tienes razón: todos las prefieren Wendy… pero las Campanita nos las hemos arreglado bien.

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Cotidiano XII

Enero 8, 2008

Aún huele a tierra mojada, sobre todo al lado izquierdo.

He recorrido las mismas calles en busca de un olor nuevo, pero no ha sido un encuentro exitoso. Deposito mis cosas en la silla y abro mi morral, saco el espejo de mano y me noto muy cansada, no ha sido el recorrido, sino todo lo que ya no ví a tu lado. He pasado a los lugares conocidos y las miradas me han recibido frías y desconcertadas, no me entienden sin tí. Asimilo los colores de las cosas en tu ausencia y rescato los gestos que me regala la gente, no son nuevos, es sólo que cuando tú estabas, los esquivaba.

El silencio está lejano. Las habitaciones contiguas tienen a sus visitantes habituales; quisiera estar en otro lado. La noche cayó de pronto y ya no encontré regreso, me perdí en lo conocido y, como automata, llegué a este viejo sitio… a nuestro viejo sitio.

¿Con quién más lo habrás compartido? ¿quién te acompaña ahora? Yo sólo vine con un libro en la mano, mis anteojos, café que de camino compré, mi viejo suéter (el único que decías conocer) y el teléfono apagado que descansa sobre el buró.

No ha sido fácil entrar, pero recordé tu mano apretando la mía y creo que eso ayudó mucho; aunque al cerrar la puerta detrás de mí, ni siquiera mi sombra se dibujaba.

Ha pasado mucho tiempo y este nombre de playa me resulta irreal, como los cuadros del primer encuentro, aunque sin llanto, sólo un poco de sonrisas recortadas y tus gestos escondidos tras el pequeño ser que conservabas. Te acaricio con mi mano fría y parece que vuelvo a escuchar el murmullo de tu amor, pero se calla en un tiempo que parece breve, el tiempo del olvido, y recibo el toquido de la puerta como una alerta.

Asearán por la mañana, tendré que salir antes del medio día y la verdad no pensaba pasar más que esta noche.

Dormí en un rincón, tratando de no estirar las piernas. Que sería de ellas si no se aferran a la pequeña imagen de tu antebrazo. Latosos sueños que de visita escogieron esta noche. Te ves lejano, en el mar de la bruma que pusiste en medio de ambos, sin recuerdos de mí, sin imagénes de nosotros, sólo tu rostro duro y mi intento por salvarte.

Huele a la tierra mojada que visitamos una tarde recién conocidos. Es el sueño austero que aún guardo de los tiempos irreales, cuando cantábamos abrazados, pierna con pierna y tu brazo sobre mis hombros. Es el olor de un anhelo que conservo en la orilla del pañuelo que olvidaste a tu paso. Comprendo que tu viaje no ha terminado. En esta estación que abandonaste, espero el siguiente cometa; traigo el mismo libro bajo el brazo, pero tarareo una canción nueva.

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La insoportable levedad del ser

Enero 4, 2008

“Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.

La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público.

(…)La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas. Son más felices que las personas de la primera categoría quienes, cuando pierden a su público, tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas.

(…)Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad.

(…)Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores.”

Milan Kundera