Archivo de Septiembre 2007

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Cotidiano VII

Septiembre 19, 2007

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...por qué será que cuando uno se enamora, no se da cuenta de todo lo que pasa a su alrededor…

como que de repente uno se contagía de estupidez, no?…

el punto es que hoy me siento del carajo… me estupidice totalmente… así que mi meta a corto plazo, es que mis ojos abandonen esa ceguera en la que se instalaron… eso y no perder la capacidad de asombro…

y la verdad es que hoy, aparte de sentirme un tanto cuanto mal, me siento algo así como:

De las tardes

Fernando Delgadillo

Hace ya algunas semanas,
que me lleva las mañanas
descifrarte en tu mirada
y en tu voz.

Que nunca he sabido cuánto
me has contado y cuánto no,
cuánto solamente lo imagino yo.
Cuánto tiene de ser cierto,
el paso a tus parques abiertos
y a las frescas sombras de
tu pabellón.

Luego todo lo respondería
esa tarde que me des,
aunque solamente sea por una vez.
De entre amores y distancias,
de entre sueños sin sustancias,
y entre todo lo que no ha llegado
a ser.

Si me dieras una tarde
para conversar mejor,
desdibujando las ropas
con que vistes tu rumor,
podría mirarme en tus ojos
si te asomas hasta mí,
si te dieras una tarde
una tarde por aquí.

Si te tuviera una tarde
para abrevarme en la voz,
murmurante de tus fuentes
una tarde para dos.
Una tarde para siempre
por las tardes que no estás,
por las tardes que no han sido,
y por las que ya no te vas.

Una tarde solamente de tu vida,
tan sólo un instante de tu juventud.
Unas horas de tus horas y salidas,
al quizás de un mutuo encuentro
que logremos ver adentro uno del otro
un quizás,
que tú volvieras realidad.

Una tarde que me dieras,
cualquier tarde de este mes,
para tardarme intentando
llevarte una y otra vez,
aplicando con mis labios
en tus labios de canción,
la balada del encuentro
del verano con la flor.

Quién te tuviera una tarde
para andante recorrer
las veredas, los atajos en
los campos de tu piel,
recorriendo amante
valles, lomas,
cauces de agua y flor,
conquistando tus llanuras.
toda una puesta de sol.

Sólo dame alguna tarde y yo
me vuelvo una canción
en tus labios,
procurando y sorprendiendo
por todo el atardecer,
tu sonrisa más bonita
si te dejas conocer.

(2000)

sólo que esas tardes, sí, ya no serán… más bien la vida, que ésto también va a pasar…

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Cotidiano VI

Septiembre 10, 2007

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Un sueño puede ser cualquier cosa, es decir, todos los sueños son tan distintos como distintas somos todas las personas. Ningún sueño es pequeño o menos importante… son sólo eso, sueños. Y la vida se nos puede ir en ellos, se nos puede ir luchando por alcanzarlos. Sólo que hay aquellos que ni siquiera tienen tiempo de luchar, ni tiempo ni oportunidad…

Domingo. Eran como las tres de la tarde, diría que el metro estaba vacío, pero eso es poco menos que imposible, lo que sí ocurría afuera era una lluvia leve, de las que alborotan el calor. Fuera de eso, todo transcurría con la calma habitual de las tardes domingueras -sobre todo si hay fútbol- en el metro. A esas horas es muy común encontrar a una pareja tomada de la mano o a una familia que viene de un paseo o… bueno, todos hemos estado en el metro una tarde de domingo, esto está de más.

Sin embargo, este domingo olvidé el libro que estoy leyendo y comencé a hacer otra de las cosas que más habitúo hacer cuando estoy en la calle: observar a las personas. Tengo mucha facilidad para asociar a la gente con historias que invento mientras las escruto, algunas veces es molesto para los demás, pues cuando se dan cuenta que las veo con demasiado cuidado, regularmente se voltean o hacen muecas de disgusto. Cada domingo tengo un recorrido de ocho estaciones, no pongo mucha atención -salvo en estas ocasiones- de quién sube en cada andén, pues regularmente es un vendedor o alguien que pide dinero… el domingo se presta más para ambas actividades.

En la estación Jamaica de la línea 9 (sí, la café) se subieron dos niños, estoy segura que eran hermanos, tenían un código de comunicación entre ellos que hizo eso evidente. Tendrían entre 7 y 12 años. No vestían más que un pantalón y una camisa pequeñitos, un par de huaraches y una cachuchita. Pedían dinero entregando un papelito en el que explicaban de forma escueta su precaria situación. Uno de ellos se detenía en cada lugar y entregaba uno de los papelitos -a quien quisiera tomarlo- mientras el otro, a una distancia más o menos considerable, pasaba detrás de él pidiéndolos y esperando que a los mismos los acompañara cualquier moneda, ya saben “la que sea su voluntad”.

La empresa fue penosa, pues no recogerían a lo más un par de monedas. Ambos se sentaron hasta el final del vagón en un asiento, a pesar de que casi todos los demás estaban desocupados. El más pequeño de ellos se puso de pie y comenzó a jugar en el espacio vacío del vagón, miraba por las ventanillas y sonreía de forma singular; mientras tanto, el que parecía mayor, lo llamaba para que éste se sentara a su lado y buscaba algo en su morraleta. Ambos terminaron sentados en el piso comiendo un dulce y jugando entre ellos… un juego muy suyo, no cualquiera lo entendería, la complicidad de los hermanos sólo se entiende entre éstos.

Los miré descender del vagón una estación antes que yo, iban felices? no lo sé, pero si alguien me pregunta, cuál es la sonrisa que describe lo más cercano a la felicidad, sin dudarlo diría que es la que ví en sus rostros cuando compartían ese dulce, que probablemente estarían guardando toda la mañana.

No he dejado de pensar en ambos…

En los sueños que no tendrán oportunidad de alcanzar, en las miradas que les negamos en cualquier vagón al que se suben, en la terrible ensimismación que todos cargamos, y que nos impide notar este tipo de sombras que nos van poblando con más regularidad… y nos acostumbramos.

Todos los sueños se valen, hasta los de comer el dulce que hemos venido cargando toda la mañana… todos valen igual…

El mío es que un día vivamos en un mundo en dónde quepan muchos mundos… y, claro, espero verlos a todos allá.

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Hombre preso que mira a su hijo

Septiembre 3, 2007

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Al “viejo” hache .

Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quién se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas
que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos

realmente botija no sabían un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan sólo una palabra aguda
que muerte era tan sólo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula

olvidaban poner el acento en el hombre

la culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y éstos sí
cómo nos ensartaron
con la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros

y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles
uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos

vos sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio

y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías

y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre

botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides

por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones

todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre

pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar

que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos

y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa

y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar
una cosa es morirse de dolor
y otra cosa morirse de vergüenza

por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder

uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere

llorá nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos

gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse

llorá
pero no olvides.

Mario Benedetti